Tepatitlán de Morelos, Jalisco; a 02 de noviembre de 2016.

Los mexicanos somos conocidos a nivel mundial por el colorido de nuestras festividades y nuestras arraigadas costumbres; una de esas celebraciones que cautivan al mundo, es aquella donde recordamos a los que se han ido de este mundo terrenal.

Celebrar y recordar a los muertos tiene su origen desde la época prehispánica, donde los indígenas rendían culto a la muerte, concibiéndola como una dualidad de la vida. Con la llegada de los españoles durante La Colonia y La Conquista, esta costumbre se fusionó con la religión católica, dando origen a la tradición que conocemos actualmente y que celebramos los días primero y dos de noviembre.

En Tepatitlán fuimos parte de esta conmemoración en medio de sorpresas para los espectadores que se reunieron en el centro de la ciudad. Pudieron recorrer el “Pasaje de la Paz”, instalado sobre la calle Hidalgo, desde La Alameda hasta la Plaza de Armas, exhibiendo más de 30 altares realizados por estudiantes del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyTE Jalisco), la Universidad Interamericana para el Desarrollo (UNID), el Centro Universitario de Los Altos (CUALTOS), la Universidad América Latina (UAL), el Instituto Renacimiento Juan Pablo II y ÚNICO Campus Tepatitlán.

En cada uno de los altares expuestos sus creadores, que ataviados como “catrines”, explicaban a los visitantes el motivo y justificación de su creación, dando a conocer la reseña de vida del personaje homenajeado.

La estructura de cada altar exhibía la fotografía del personaje difunto, entorno a ella se podía encontrar una colorida decoración realizada con papel picado, velas, cruz de sal sobre una cama de aserrín, sea de colores o natural, flores de cempasúchil; como ofrendas colocaron los alimentos favoritos del aludido, pan de muerto, agua, alguna botella de licor y vestimentas relacionadas con el personaje.

Amar A Tepa.

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